7. Belchite, Aragón, España
Arañado, golpeado y lleno de cicatrices, el pueblo viejo de Belchite
contempla el paso del tiempo mientras sus edificios se deshacen. Este pequeño
municipio fue el escenario de una de las batallas más simbólicas de la Guerra
Civil, cuando fue destruido. El dictador Francisco Franco decidió no
reconstruirlo para dar una lección a los vencidos y obligó a los prisioneros de
guerra a crear un pueblo nuevo (Belchite nuevo) al lado. Los últimos habitantes
abandonaron las ruinas en los años 60 y después de décadas de abandono hoy el
recinto está cerrado y sólo se puede visitar haciendo visitas guiadas por
6€. Hay quien dice que está encantado y se han grabado psicofonías… Sin lugar a
dudas, un lugar de los que te ponen la carne de gallina.
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Aragón
6. La isla de las muñecas, México
La isla de las muñecas fue el hogar de un eremita, Julián Santana
Barrera, que vivió aislado entre los canales del barrio chilango de Xochimilco.
La leyenda cuenta que encontró a una niña que se había ahogado y a partir de
ese momento se dedicó a colgar muñecas alrededor de la isla para apaciguar a su
espíritu. Este lugar se convirtió en una atracción turística para muchos
turistas que se acercaban aquí con muñecas para añadir a la colección. En el
año 2001 Barrera fue encontrado ahogado en el mismo lugar en el que se supone
que apareció la niña. La isla todavía se puede visitar, aunque la sensación de
que todas esas muñecas te observan es algo rara, por llamarla de alguna manera.
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5. Isla de Hashima, Japón
También conocida como Gunkajima (Barco de Guerra), esta
instalación minera abandonada es una sobrecogedora selva de edificios de
cemento que se desmigajan y los restos cubiertos de polvo que abandonaron sus
habitantes. Lleva desocupada desde 1974, cuando la gente se vio obligada a
marcharse ya que el lugar era tan inhóspito que era difícil vivir allí. En
algún momento 5.000 trabajadores se hacinaron en esta isla diminuta
(convirtiéndola en el lugar más densamente poblado de la tierra) al ser
incapaces de salir debido a la mala mar.
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4. Prípiat, Ucrania
Abandonada después del desastre de Chernóbil en 1986, Prípiat fue una
vez el hogar lleno de vida de 50.000 personas. Pero todo cambió cuando el mayor
desastre nuclear de la historia golpeó a Ucrania. Para muchos, esta terrorífica
cápsula del tiempo sirve para recordar la desconfianza de la población local
hacia el gobierno, ya que la ciudad vacía permanece literalmente congelada en
el tiempo: la fuerza de la tragedia hizo que todos los relojes de la ciudad se
detuvieran. El lugar más extraño de la ciudad es su parque de atracciones, con
su noria y sus montañas rusas vacíos y en silencio.
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3. Oradour-sur-Glane, Francia
Oradour-sur-Glane lleva intacto desde la masacre nazi que eliminó a casi
toda la población de este apacible pueblo en 1944. 642 personas, la mayoría de
las cuales eran mujeres y niños, murieron en este horrible ataque. Este rincón
del mundo se congeló en el tiempo cuando el General Charles de Gaulle afirmó
que debería quedarse tal y como estaba para recordar la crueldad de la
ocupación nazi. Hoy es un destino turístico bastante popular y la gente pasea
en silencio por sus calles en calma llenas de coches que se oxidan y edificios
de piedra en ruinas. Los lugareños se niegan a adentrarse en el lugar en cuanto
cae la noche y afirman haber visto a figuras espectrales vagando por allí.
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2. Kolmanskop, Namibia
Esta antigua localidad minera fue el hogar de mineros alemanes que
buscaban riquezas y prosperidad. Sin embargo, el precio de los diamantes de
devaluó después de la I Guerra Mundial y el una vez bullicioso núcleo de
arquitectura y cultura alemana en medio del vasto desierto africano fue
abandonado. Con el tiempo, la arena ha invadido las casas y llenado sus
habitaciones, convirtiéndolas en uno de los lugares más sobrenaturales que
cualquier turista podría visitar… si se atreve.
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1. Humberstone, Chile
Miles de personas vivieron y trabajaron en el terriblemente seco
desierto al norte de Chile durante 60 años, donde procesaban el depósito de
nitrato de potasio más grande del mundo. Cuando fue abandonado, la dictadura de
Pinochet lo transformó en un campo de concentración en el que las condiciones
de vida eran todavía más severas. Aunque todavía quedan algunos habitantes
(aproximadamente 250), la mayoría de los edificios languidecen vacíos y
decadentes.

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